Duelo

Abril, 25

Suicidio: voz formada a semejanza de homicidio, del lat. sui, de sí mismo, y caedĕre, matar. Decidir también deriva de caedĕre (decídere, de caedĕre, cortar, matar), pasión, del lat. passĭo, -ōnis, y este calco del gr. πáθος, acción de padecer. Angustia,  del lat. angustĭa, angostura, dificultad. Hasta ahora, caedĕre es por donde seguiría la pista.

Dolor, del latín dolere, duelo: sufrir: de sufferre, derivado de ferre, llevar, y  violencia, de vis, fuerza … lo mismo sucede con violación. Pero lo que más me llama la atención es que busco felicidad, y la definición es de lo más extraña: situación del ser para quien las circunstancias de la vida son tales como las desea. Ahora entiendo porque la felicidad no me encuentra, es imposible articular pasión y deseo con felicidad. La felicidad equivale a estar muerto.

Giro extraño, volví a caedĕre.

 

Febrero, 8

no me importa ninguna atrocidad que carla bruni pueda hacer con su vida personal. me gustan sus canciones. me gusta que cante en francés y que cuando la escucho, todo lo miserable del mundo en el que vivo se transforma un poco en el mundo de amelie. asociación libre, que le dicen… y qué.

he descubierto que amy winehouse merece ser escuchada a un volumen que destroce tímpanos, todas las mañanas. es mejor que ir a terapia dado que quedarse sordo puede ser altamente beneficioso para la vida en sociedad.

no perdemos nada

Enero, 10

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Kawabata

Enero, 5

“Una vez más recordó los viejos retratos japoneses de niños santos: eran retratos basados en la leyenda del juvenil San Kobo, quien se soñó a sí mismo sentado en un loto de ocho pétalos, dialogando con Buda.”

Este es un fragmento de la novela Lo bello y lo triste de Yasunari Kawabata. Compré el libro usado, sin tapa ya. Es todo amarillo-de-libro-viejo. Alguien -nunca se sabe quién porque la firma en la primera página rara vez es legible- lo compró en 1978. Tampoco se sabe por cuántas manos pasó. Pero lo que sí se sabe es que se queda conmigo.

Podría explayarme largamente sobre el uso del lenguaje en la novela, las imágenes, los puros cuadros de la literatura japonesa o la psicología de los personajes. Pero voy a abstenerme. Busquen y lean esta novela. O no.

Los japoneses son lo más. Eso es todo lo que tienen que saber. Lo demás es silencio o giladas de críticos literarios.

Hace unas cuantas noches, volvieron a dar Sabrina -la versión con Julia Ormond y Harrison Ford-. La película tiene todos los tópicos habidos y por haber: un amor imposible por platónico; un viaje iniciático; una edulcorada e inocua venganza; un matrimonio casi por conveniencia; el hombre duro de negocios que, gracias al poder del amor, se da cuenta de que su vida no tiene sentido; un desengaño amoroso que da lugar al surgimiento del nuevo -verdadero- amor y, por supuesto, un final feliz que incluye besos y abrazos a la orilla del Sena, justo en el momento en el que pensábamos que todo estaba perdido.

En realidad, nunca pensamos ni por un minuto que todo estaba perdido. Desde el primer minuto, teníamos la certeza de que Sabrina iba a obtener lo que estaba buscando, porque para eso nos sentamos dos horas frente a la pantalla. Ver películas como Sabrina nos permite suspender nuestros conocimientos sobre el mundo y asistir al reestablecimiento de lo que suponemos debe ser el orden del universo: los buenos alcanzan la felicidad y triunfan por perseverancia. Nadie está esperando que Sabrina se instale sola en su departamento en París, llore día y noche durante tres largos meses, aumente ochenta kilos a causa de la depresión y termine muerta en su departamento rodeada de treinta gatos veinte años después.

Y si entramos en el juego, si decidimos creer que el destino de Sabrina puede ser posible en alguna dimensión, quizás sea porque, en el fondo, necesitamos creer que, en algún momento, nosotros también tendremos nuestro momento-sabrina. En algún momento, esperamos que los elementos del universo se equilibren, aunque sólo sea por una única vez, a nuestro favor. Porque aun habiendo desarrollado altos niveles de escepticismo, en algún momento del día, todos queremos ser Sabrina Fairchild. Porque, a veces, las cosas son así de simples.

amelie

Diciembre, 30

escuchar la banda sonora de Amelie me hace atrasar, por lo menos, cinco años. mínimo.