a veces
todo es tan simple, que es imposible entender cómo las cosas se mantienen enredadas como si un neurótico estuviera jugando con el ovillo
a veces
no queda otra: cortar el ovillo de un tajo certero
tristeza de cabos sueltos
y muchas
muchas preguntas
“¿Quién, pues, soy? Dígame primero esto y luego, si me gusta ser esa persona, subiré; si no, me quedaré aquí, hasta que me transforme en otra.”
Lewis Carrol. Alicia en el país de las maravillas.
Tristeza
Enero, 7
Sólo una cosa dolorosa hay en la tristeza: la imposibilidad de ser superficial.
Kawabata
Enero, 5
“Una vez más recordó los viejos retratos japoneses de niños santos: eran retratos basados en la leyenda del juvenil San Kobo, quien se soñó a sí mismo sentado en un loto de ocho pétalos, dialogando con Buda.”
Este es un fragmento de la novela Lo bello y lo triste de Yasunari Kawabata. Compré el libro usado, sin tapa ya. Es todo amarillo-de-libro-viejo. Alguien -nunca se sabe quién porque la firma en la primera página rara vez es legible- lo compró en 1978. Tampoco se sabe por cuántas manos pasó. Pero lo que sí se sabe es que se queda conmigo.
Podría explayarme largamente sobre el uso del lenguaje en la novela, las imágenes, los puros cuadros de la literatura japonesa o la psicología de los personajes. Pero voy a abstenerme. Busquen y lean esta novela. O no.
Los japoneses son lo más. Eso es todo lo que tienen que saber. Lo demás es silencio o giladas de críticos literarios.